«El hombre sordo a la voz de la poesía es un bárbaro, sea quien sea»

(Johann Wolfgang von Goethe).

Otros proyectos del Repertorio:

— POESÍA INÉDITA —
— EL FABULARIO —

Una noche de verano en el Golfo de Nápoles

Ángel María de Saavedra y Ramírez de Baquedano, Duque de Rivas - 
Español (1791-1865).

   Mar adentro, en una barquichuela suavemente mecida por la brisa que apenas riza la dormida superficie del mar, el Duque de Rivas, autor de esta preciosa canción, nos describe el bellísimo paisaje que ofrece Nápoles, tendido entre el pintoresco Posilipo y el temeroso Vesubio, al contemplarlo a la luz de la luna, en una serena noche de verano. (El Tesoro de la Juventud o Enciclopedia de Conocimientos. El Libro de la Poesía. Tomo III. pp 854-856).


   Pues no te fatiga el sol,
   Boga, boga, barquerol.

   Por este golfo de  plata,
O más bien mansa laguna
Donde  la argentada luna
Su cándido albor retrata;
Por de apresuradas vuelan
Tantas barcas pescadoras
Con lumbreras en las proras,
Que en el rizo mar rielan;

   Pues no te fatiga el sol,
   Boga, boga, barquerol.

   Aléjate de esta orilla
Do la espuma centellea,
De a la ciudad lisonjea
La onda que a sus pies se humilla,
Y do los roncos bramidos
De otro mar siempre agitado
Mar de vivientes formado,
Me atormenta los oídos.

   Pues no te fatiga el sol,
   Boga, boga, barquerol.

   Solo con mi pensamiento,
Y solo también contigo,
Entregarme quiero, amigo,
En brazos del manso viento;
Y separado del mundo,
En honda meditación,
Darle a mi imaginación
Un alimento fecundo.

   Pues no te fatiga el sol,
   Boga, boga, barquerol.

   Cual la barca blandamente
Se columpia y se desliza
Sobre el agua que entapiza
Un fósforo refulgente;
El fósforo que los remos
Que altas y bajas encienden,
Cuando el mar cortan y hienden
Con sus delgados extremos.

   Pues no te fatiga el sol,
   Boga, boga, barquerol.

   Ya el rumor de la ciudad
La voz del caos parece,
Y ya mi barca se mece
En medio a la inmensidad.
¡Qué espectáculo sublime
Absorto contemplo y miro!
¡Con qué libertad respiro!
Nada aquí mi pecho oprime.

   Pues no te fatiga el sol,
   Boga, boga, barquerol.

   Miro tendida a mi espalda
De Nápoles la ciudad,
Como dormida beldad
En un lecho de esmeralda.
Y entre vaporosos lejos
Forman apariencias varias
Sus diversas luminarias
Con sus móviles reflejos.

   Pues no te fatiga el sol,
   Boga, boga, barquerol.

   A mi diestra recostado,
Celador de estos confines
Y de quintas y jardines
Vestido y engalanado,
A Posilipo veo estar,
Gigante de alta belleza,
En un monte la cabeza
Y los pies dentro del mar.

   Pues no te fatiga el sol,
   Boga, boga, barquerol.

   Y de escoria otro gigante
Y de ceniza vestido,
Se alza a mi siniestra erguido,
Solo, enhiesto, vigilante:
Llama sus cabellos son,
Que agita tímido el viento,
Son tempestades su aliento
Y su grito, destrucción.

   Pues no te fatiga el sol,
   Boga, boga, barquerol.

   Allí al  frente inmensa nave
De peñas que dio al través,
Capri está, y  quien tiene es
De este ancho golfo la llave;
Y los montes donde apenas
Sorrento y Castelamar
Se ven, vienen a cerrar
Este mar de las Sirenas.

   Pues no te fatiga el sol,
   Boga, boga, barquerol.

   Italia, Italia, región
Que mejor no alumbra el cielo,
Jardín de Europa, tu suelo
Es tierra de bendición.
Y de él son lo más hermoso
Compendio de tu bondad,
De Nápoles la ciudad,
Y su golfo delicioso.

   Pues no te fatiga el sol,
   Boga, boga, barquerol.

   Un toldo de terciopelo
Del firmamento colgado,
Con diamantes tachonado
Es de este prodigio cielo.
Rueda por él y campea
Tu topacio colosal,
Que la región celestial
Esclarece y señorea.

   Pues no te fatiga el sol,
   Boga, boga, barquerol.

   Y diamantes y topacio
Y toldo repite el mar,
Y se me figura estar
Suspendido en el espacio;
Y que el inmenso vacío
Cruzo, como cruza el ave,
Y en brazos del albedrío.

   Pues no te fatiga el sol,
   Boga, boga, barquerol.

   La brisa un arpa es aquí
De acordes incomprensibles,
Espíritus invisibles
Tocan en torno de mí;
Y sus sones son beleño,
Que suave encanto difunden
Y que en mis venas infunden
Bálsamo de dulce sueño.

   Pues no te fatiga el sol,
   Boga, boga, barquerol.

   Por las auras arrullado,
Y por las ondas mecido,
Mis penas daré al olvido
Y dormirá descansado.
Venid con solicitud,
Venid a  ocupar mi mente
Y a volar sobre mi frente,
Sueños de mi juventud

   Pues no te fatiga el sol,
   Boga, boga, barquerol.

   Boga, hasta que de oro y grana
Pinte celaje la aurora
Y ese mar tan mudo ahora
Himnos cante a la mañana.
Y deja a mi fantasía,
Que este golfo prodigioso,
Ahora vago y misterioso,
Admire al venir el día.

   Pues no te fatiga el sol,
   Boga, boga, barquerol.

   Y entones a la ciudad
Ambos a dos tornaremos
Tú a descansar de los remos
Yo a volver a mi ansiedad.
Que las horas de ilusión
Siempre son ¡ay!  fugitivas;
Y quedan las positivas
Que angustian el corazón.

   Pues no te fatiga el sol,
   Boga, boga, barquerol.

Hombres necios

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, mejor conocida como Sor Juana Inés de la Cruz - Mexicana (1651-1695).

   Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:

   si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

   Combatís su resistencia,
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

   Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais,
y en la posesión, Lucrecia.

   ¿Qué humor puede ser más raro
que el que falta de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

   Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

   Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata
y si os admite, es liviana.

   Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

   ¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?

   Mas entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos enhorabuena.

   Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

   ¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada,
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?

   ¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

   Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

   Dejad de solicitar
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

   Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

Poema del amor ajeno

José Ángel Buesa - Cubano (1910-1982).

Puedes irte y no importa, pues te quedas conmigo
como queda un perfume donde había una flor.
Tú sabes que te quiero, pero no te lo digo;
y yo sé que eres mía, sin ser mío tu amor.

La vida nos acerca y la vez nos separa,
como el día y la noche en el amanecer…
Mi corazón sediento ansía tu agua clara,
pero es un agua ajena que no debo beber…

Por eso puedes irte, porque, aunque no te sigo,
nunca te vas del todo, como una cicatriz;
y mi alma es como un surco cuando se corta el trigo,
pues al perder la espiga retiene la raíz.

Tu amor es como un río, que parece más hondo,
inexplicablemente, cuando el agua se va.
Y yo estoy en la orilla, pero mirando al fondo,
pues tu amor y la muerte tienen un más allá.

Para un deseo así, toda la vida es poca;
toda la vida es poca para un ensueño así…
Pensando en ti, esta noche, yo besaré otra boca;
y tú estarás con otro… ¡pero pensando en mí!

El dolor de vivir

Luis Ramón Landaeta - Venezolano.

“La poesía es un destino”. Vicente Alexander.

Vivir es un dolor cuando el alma en la vida
en reflejos sensibles se adhiere a todo afán.
El mal ajeno duele como una gran herida
y las propias tristezas que vienen no se van.

Vivir teniendo siempre el alma sumida
en el acento íntimo que anega la razón;
y no comprender nunca por qué el dolor se anida
en la entraña recóndita de nuestro corazón.

¿Por qué en el regocijo que tiene la existencia
se siente el fluido triste que enturbia la ilusión?
Si la vida es hermosa con toda su esplendencia,
¿por qué asoma la espina su tímida traición?

Hoy es un día alegre. Hay una sinfonía
de canoros arpegios que endulzan el vergel;
y sin embargo oculta sutil melancolía
y el espíritu pierde la luz de su broquel.

Panales en los labios inmensos de la vida
rebosa la ternura que brinda en el amor.
Pero en el fondo el alma parece convencida
de que no existe alba sin noche de dolor.

Tu amor me hace feliz y pensar en ti me hace bien. Dios me concede que en esta lejanía pueda amarte castamente, serenamente…, humildemente…

Una dedicatoria.

Error

Juan Antonio Pérez Bonalde - Venezolano (1846-1892).

¡Yo feliz…! ¡Yo en la aurora…! ¡Yo adorado…!
¡Oh, qué dulce mentira…! Nadie sabe
que en este triste corazón no cabe
el tesoro de amor, sino soñado!

¡Soñar! ¡Siempre soñar! y luego… ¡luego
a la triste verdad abrir los ojos…!
¡Soñar con el placer, y hallar enojos,
soñar la luz, y despertarse ciego!

¡Yo dichoso y amado…! ¡Si pudiera
alguien bajar al fondo de mi alma,
al verla aislada, sin amor, sin calma,
perdida la ilusión, retrocediera!

¡Ah! tú no la comprendes…, no imaginas
en tu risueña juventud de lirio,
que es para el alma roedor martirio
rosas sembrar y recoger espinas.

Mas, ¡ay! tal vez un día infortunado
sabrás, mi dulce bien, cuanto te he amado…
Sabrás entonces lo que nadie sabe:
¡que en este triste corazón no cabe
el tesoro de amor, sino soñado!

Aporte especial de Flor María Fernández (florparia@hotmail.com).

Memoria triste

Juan Antonio Pérez Bonalde - Venezolano (1846-1892).

¡Quién pudiera volver a aquellos tiempos
en que era el porvenir sueño de oro
de juventud lozana y de alegría,
y hasta la misma pena sonreía!

¡Ah, cuántas veces en lejanas tierras
lejos del patrio hogar y de los míos
pienso en vosotros y en aquellas horas
de alegres e inocentes desvaríos!

Y brota entonces el llanto de mis ojos,
y exclamo con la voz del pecho herido:
¡quién pudiera volver a aquellos tiempos;
quién pudiera volver al bien perdido!

Aporte especial de Flor María Fernández (florparia@hotmail.com).

Tu voz

Juan Antonio Pérez Bonalde - Venezolano (1847-1892).

Tu voz, tu voz…recuerdo bien la hora
primera en que la oí, blando rüido
de céfiro entre flores escondido,
canto de alondra al despuntar la aurora.

Era en el mes de la divina Flora,
todo era luz en torno al pecho herido
y todo sombra en él, cuando a mi oído
llegó tu voz, tu voz arrobadora.

Llegó por fin, y lágrima tranquila,
de admiración, de amor y de ternura
subió del corazón a la pupila;

porque en sonora y melodiosa gama,
el que escucha tu acento de dulzura,
llora, sonríe, se entenerce y ama.

Aporte especial de Flor María Fernández (florparia@hotmail.com).

Flores y nubes

Juan Antonio Pérez Bonalde - Venezolano (1846-1892).

Balada.

— Di, madre, ¿por qué la flor,
hoy tan fragante y lozana,
habrá de perder mañana
su perfume y su color?

— Hija, por que en este mundo
de apariencias, inconstante,
todo pasa en un instante,
nada es firme ni profundo.

— Y esas nubes matizadas
de púrpura y de topacio,
que cruzan por el espacio
como de un ángel llevadas;

¿por qué, madre, su hermosura
se trueca en sombras de duelo
que cubren de luto el cielo
y el corazón de tristura?

— ¡Tal es, hija de mi amor,
la ley que al mundo domina:
tras la rosa la espina,
tras la dicha el dolor!

— ¿ Y el amor, madre, ese bien
del corazón que suspira,
también será una mentira…?
— ¡Quimera el amor también!

Es ensueño de una hora,
esperanza de un instante,
visión hermosa y brillante
que al tocarla se evapora;

que esas pasiones que nacen
dentro del pecho y lo agitan,
son flores que se marchitan,
son nubes que se deshacen.

— Mas, ¡ay! si todo es falsía
en torno de la existencia,
¿en qué ha de tener creencia
mi corazón, madre mía?

— En Dios que no engaña nunca
y en tu madre que te quiere:
ése amor que no muere,
que el desengaño no trunca;

flor que eternamente crece
en los jardines del alma;
nube de bonanza y calma
que el viento no desvanece;

porque en ese amor se encierra
toda verdad y consuelo:
no hay más que Dios en el cielo,
y amor de madre en la tierra.

Aporte especial de Flor María Fernández.

Te amo

Juan Antonio Pérez Bonalde - Venezolano (1846-1892).

¡Te amo! ¿Sabes mi vida,
lo que encierra esa palabra
cuando el labio la pronuncia
bajo el dictado del alma?

¡Te amo! ¡La vida entera,
las ilusiones, las ansias
del corazon que suspira
en esa frase se exhalan!

« Te amo » dice: eres bella
como la virgen soñada;
como el ideal divino
que el bardo lleva en el alma.

« Te amo » dice: eres pura
como la nieve sin mancha;
sencilla cual la violeta,
como azucena cándida.

¡Te amo! Esa voz anuncia
todo cuanto el pecho guarda
de ternuras y creencias,
de alegrias y esperanzas;

urna en que yacen unidas
las sonrisas y las lágrimas;
secreto de la existencia
y de los sueños alcázar;

que amar, bien mio, es trocarse
en ave de plumas raudas,
y en los espacios celestes
batir las serenas alas;

y meciéndose en las ondas
de la atmósfera azulada,
teñirse en la luz del iris
con los cambiantes del nácar:

Después, en rápido vuelo,
rasgando la etéra gasa,
remontarse hasta las puertas
del palacio de las almas.

Y allí, revolando en torno
de la celestial entrada,
oír las notas divinas
de las seráficas arpas.

Luego bajar a la tierra,
en la luz de la alborada,
y de un árbol florecido
posarse en las verdes ramas;

y allí cantar, al glorioso
resplendor de la mañana,
las alegrias del cielo
y la fiesta de las almas.

Eso es amar, vida mía,
con el amor que nos pasa;
como se aman los buenos,
como te amo y me amas.

¿Comprendes, mi bien, ahora,
lo que encierra esa palabra
cuando el labio la pronuncia
bajo el dictado del alma?

Aporte especial de Flor María Fernández.

Hermosa poesía para recitársela a papaíto en el día del Padre

Aquiles Nazoa - Venezolano (1920-1976).

   Hoy día de los Padres, papaíto quisiera
dedicarte un minuto de recuerdo siquiera
y al fin cantarte el himno del amor, oh papaíto
que escribirte no pude cuando estaba chiquito.

   ¿Y cómo no escribírtelo, papaíto querido,
si tú eres el único papá que yo he tenido
y yo debo quererte nada más que por eso,
ya que cada pulpero debe alabar su queso?

   Además, hay muy pocos papás, oh papaíto,
que, como tú, merezcan un canto bien bonito,
pues siempre como padre fuiste un padre sin menguas,
pese a lo que en contrario digan las malas lenguas.

   Cierto que te gustaban los palitos y a veces
cogías unas monas que te duraban meses
y que cuando llegabas a casa en ese estado
dabas unos escándalos de sacarte amarrado.

   Mas yo sé, papaíto, yo lo sé aquí en lo hondo,
que, no obstante, esa maña tú eras muy bueno en el fondo;
pero aún cuando hubieras sido un monstruo maldito,
¡yo te sigo creyendo muy bueno, oh papaíto!

   Porque tú me inculcaste, papaíto, el ejemplo
de que un hogar auténtico debe ser como un templo.
Cierto que tú solías beber como un verraco
convirtiendo tu hogar en un templo de Baco…

   Pero tú a pesar de eso —vuelvo y te lo repito—
¡tú eras bueno en el fondo, muy bueno, papaíto!
Tú con nosottros fuiste, pese a ser tan bohemio,
como no hubiera sido quizá ningún abstemio.

   ¿Te acuerdas de la histórica noche en que yo nací?
Tal vez tú no te acuerdes, papá, pero yo sí:
Rascado como estabas, te me quedaste viendo
y al final exclamaste: ¡Qué bicho tan horrendo!

   Y gritabas en tanto te sacaban del cuarto:
¡Devuélvanme mis reales! ¡Yo no pago ese parto!,
mientras mamá gemía que dejaras la bulla
y el médico partero llamaba a la patrulla.

   Después de aquella escena que yo encontré tan tierna,
siguieron tus ejemplos de ternura paterna:
inventaste, ofendiendo gravemente a mi madre,
que yo no era hijo tuyo sino de tu compadre.

   Preferías —decias— verme clavar el pico
que darle a mamá un fuerte para la leche Drico.
Y agregabas de un modo tan rudo como cruel:
¡Pídesela al compadre, que ese muchacho es de él!

   Aún la veo acechándote por los alrededores
de aquella taguarita del Puente de Dolores
para que leentregaras los churupos del diario
antes que te rascaras con mi padrino Hilario.

   Tú, si no la insultabas, la tomabas en chanza
y ella pacientemente seguía su acechanza…
Aun te escucho diciéndole: ¡Carrizo, no me aceche,
mientras yo reclamaba: mamaíta, mi leche!

   ¿Cómo olvidar tampoco la Nochebuena aquella
en que llegaste a casa metido en la botella
y agarrando una vieja pantufla de cocuiza
me diste de aguinaldo mi primera cueriza?

   Fue la primera noche que me meneaste el frito…
¡Por eso no la olvido jamás, oh papaíto!
Y tú también la debes recordar muy bien
porque mamá esa noche te embromó a ti también.

   ¡Ah papá, cómo evoco tus sabrosas cuerizas
tus clásicos trompones, tus nalgadas castizas
y tus pelas que hacían salir a mamá
con la escoba en la mano gritándote: Yastá!

   Y entonces papaíto, demudado el semblante,
la agarrabas a ella de atrás para adelante
y entraban los vecinos —unos noventa o cien—
que al llegar la patrulla los rodaba también.

   Así fue, papaíto, como yo con tu ejemplo
aprendí a comprender que un hogar es un templo:
Hombre ya hecho y derecho, hoy tengo mi hogar propio
donde de aquel modelo totalmente me copio.

   Y en prueba de lo dicho te va esta poesía
que te estoy escribiendo desde la policía.

bleutoile preguntó: Hola :) ... me gustó tu Tumblr dedicado a la poesía. A mi me gusta escribir bastante poemas y me gustaría que pudieses pasar por mi Tumblr y ver lo poco que he escrito :)... Saludos!! :)

Feliz tiempo, Ignacio.

Aprecio mucho que te hayas tomado la oportunidad de escribir. He visto tu página y me han gustado los poemas que he leído; todos cargados de un sentimiento que se me hace muy sublime.

Como podrás ver, en el Repertorio Poético Hispanoamericano existe un espacio del que puedes formar parte: Poesía Inédita (www.poesiainedita.tumblr.com). Ahí serán bienvenidos todos tus poemas, además de cualquier otro aporte que desees hacer.

Muchas gracias por seguir el Repertorio, Ignacio. Recibe de mi parte un saludo muy cordial.

Alejandro Morales-Loaiza.

Eres de esas cosas sencillas y bonitas que al recordarlas solo tienen por efecto una breve, pero muy franca sonrisa.

Otra dedicatoria.

La niña muda

Ernesto Luis Rodríguez - Venezolano (1916-1999).

La vi sentada sobre el duro banco
de la plaza del pueblo; parecía
una flor a la orilla de un barranco;
en sus ojos la noche enlunecía
sobre la gracia del vestido blanco.
¡Mayo por los rosales florecía!…
Yo me senté a su lado; de las ramas
alegres de los árboles caía
un delgado rumo. «¿Cómo te llamas?»
Ella no dijo nada. Yo inquiría:
«¿Es que guardas tu voz para quien amas?»
Ella, sin responderme, sonreía…
Me acerqué más aún; tuvo sorpresa,
o miedo, o timidez de mi osadía.
«Si yo fuera este aroma que te besa,
en raudales de amor te envolvería.»
Ella me vio con algo de tristeza,
y el cielo más azul resplandecía.
Le hablé acaso de Dios, de las estrellas
maduras y lejanas: «Presentía
tus mimos, y tus pasos, y tus huellas,
el agua de tu voz de Ave María
y la ternura de tus manos bellas.»
Ella, sin responderme, sonreía…
«¡Reluce en ti la floración de mayo!
¿QUieres venir al campo? ¡Qué alegría
si te viera saltar a mi caballo
y galopar bajo la luz del día,
pegada a mí como la flor al tallo!»
Ella mucho más hondo me veía…
«¡Hay júbilo nupcial en tu corpiño!
¿Te casarás conmigo? Todavía
puedes tenerme un poco de cariño;
desde el fondo del alma te vía
pura como la lágrima de un niño.»
Ella, sin responderme, sonreía…
«¿Y te callas aún? ¿Nada me dices?
¿Eres acaso muda noche y día?
¿Picotearon tu lengua las perdices?»
Sentí pena esta vez; cómo la hería…
Le dolieron los ojos infelices,
y a través de su llanto me veía…

Poema 20

Pablo Neruda - Chileno (1904-1973).

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería;
cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla;
la noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles;
nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero;
es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.